Aunque nos cueste reconocerlo, la financiación es uno de los ingredientes esenciales que determinan el éxito o el fracaso de un proyecto empresarial, pero la respuesta a la pregunta, ¿cuál es la fórmula ideal para financiar mi negocio?, no es obvia en absoluto, pues son muchos los factores que intervienen en la decisión: importe, plazo, coste, garantías, fuente de repago, etc., amén de las restricciones propias de los mercados y los prestamistas.

Mediante una serie de artículos voy a tratar de ilustrar las diferentes fuentes de que dispone (aunque no siempre) el empresario para obtener financiación. Dichas fuentes van desde la deuda tradicional (bancos, financieras comerciales, etc.), pasando por el recurso a los mercados organizados (bolsa, mercados de deuda a través de emisiones, etc.), la financiación vía recursos propios (capital riesgo) o la financiación alternativa (descubiertos en cuenta, crédito de proveedores, subvenciones, adelantos de clientes, “crowfunding”, etc.).

En el artículo de este mes trataremos la financiación tradicional, la bancaria.

Financiación bancaria

En la España de los últimos años hemos recurrido mayoritariamente a la financiación bancaria básicamente por su bajo coste y la facilidad con que se obtenía antes de la crisis. Lo que llama la atención es que el recurso a este tipo de financiación se ha mantenido y según datos del INE las empresas han seguido solicitando (que no obteniendo) dinero a las entidades financieras en más de un 96% de los casos.

Sin embargo, dicho recurso ha sido escaso en los últimos años, ya que los bancos han cerrado el grifo, bien por falta de garantías o avales suficientes, por la elevada deuda de las empresas o por su baja solvencia financiera. Además, ha aumentado significativamente el coste de dicha financiación. Según un informe publicado por la Comisión y el Banco Central Europeo (BCE), sólo el 52% de las pymes españolas que solicitaron un crédito en 2013 lograron toda la cantidad reclamada. Con razón decía Mark Twain que “un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover”.

Para entender esta situación hay que tener en cuenta que el banco no es el propietario del dinero, sino que presta por un lado lo que toma por otro y que su negocio está en el margen que cobra por ello. Las políticas de riesgo de cada entidad dependen de múltiples factores: bien externos,como la situación económica general y de sus clientes o bien propios, como la morosidad, el consumo de recursos propios, los ratios de liquidez, solvencia y por ende su “rating”, cuestiones en las que no vamos a entrar de momento, pero que afectan a su margen.

Asimismo, todo el mundo sabe que “el dinero es un bien escaso” y por tanto, conseguirlo en mayor o menor medida, así como las condiciones en que nos lo den, depende de los valores diferenciales qué ofrezcamos a nuestro financiador frente a otras empresas similares.

En cualquier caso, resulta conveniente saber qué espera un banco de una empresa, lo que intentaré resumir en cuatro ideas básicas:

  • Transparencia: disponer de información actualizada (cuentas y evolución comercial de la compañía).
  • El Banco aprueba un crédito en función de la bondad de la fuente de repago (empresa, proyecto, contrato, factura, etc.), y del historial crediticio de la empresa, NO en función de las garantías aportadas, si bien exigirá éstas para afianzar su posición frente a otros acreedores.
  • Quiere disponer de cierta libertad para modificar su exposición: una entidad financiera se sentirá más cómoda “colocando” líneas de crédito o de descuento, renovables periódicamente, que préstamos o avales. Asimismo, es importante que la compañía disponga de líneas en otras entidades, lo que diluye el riesgo y da alternativas a la empresa en caso de reducción del límite de riesgo.
  • Intenta fidelizar al buen cliente, gestionando su operativa comercial e interna (cobros, pagos, nóminas, etc.), vendiéndole productos de inversión, seguros, etc. Y al mismo tiempo espera que el cliente le ofrezca más negocio, domiciliando los seguros sociales, el pago de impuestos, etc.

Para reducir su exposición al riesgo en una empresa, un banco reduce primero las operaciones más rígidas en plazo y condiciones (préstamos y créditos) y para compensar, aumenta las líneas con mayor rotación, aunque no las necesitemos. Por ejemplo, nos autorizan líneas para descuento de pagarés pero no tenemos tantos pagarés, necesitamos otro producto financiero.

Ante esta situación, es importante que la empresa tenga claras sus necesidades para no caer en importantes desajustes financieros. Existen numerosos casos de empresas que financian a corto plazo activos fijos y circulante con préstamos (esto último normalmente fruto de una refinanciación de la deuda). Para ello, tengamos clara la proporción entre deuda a largo y a corto que necesitamos para equilibrar nuestro balance (p.e. 40-60%) y negociemos con ese rango. En caso de no alcanzar un acuerdo, daremos paso a otras entidades.

También resulta conveniente tener más líneas disponibles de las que necesitamos regularmente y es fundamental recuperar el equilibrio cuando se tienen líneas ociosas porque cuando los datos son negativos, ninguna entidad incrementa sus líneas, todas bajan. Por último, tengamos en cuenta a la hora de negociar que cada oficina bancaria tiene supropia cuenta de resultados y nos quiere como clientes.

Últimamente se comenta que la banca ha abierto nuevamente el grifo del crédito y que se abrirá más en los próximos meses. Según el Instituto de Crédito Oficial (ICO), en el primer semestre de 2014 los préstamos a la Pyme inferiores a un millón de euros crecen un 10% en tasa interanual, mientras que cae casi un 19% la financiación a grandes empresas (préstamos de más de un millón de euros), si bien esto último lo atribuye a su mejor acceso a otras fuentes de financiación, como las emisiones de deuda.