En el artículo anterior hablábamos de financiación bancaria, un “commodity” con productos estándar para todo tipo de empresas y situaciones, aquí abordamos las claves de otra fuente de financiación complementaria: el inversor en capital. Esta alternativa tiene unas características particulares en cuanto a que:

  • Tiene un perfil de riesgo diferente: analiza la empresa hacia el futuro, valorando el potencial de negocio/proyecto por encima del histórico de resultados.
  • Es muy selectiva: normalmente se limita a empresas con un buen potencial de negocio.
  • Es más cara: dado que el nivel de incertidumbre y la exposición ante las crisis son más altos, se exigen unos retornos que van del 8-10% para las inversiones con flujos constantes, a niveles superiores al 20% en casos con riesgo de mercado o de producto.
  • Requiere procesos de decisión largos y costosos, ya que analiza en profundidad todos los aspectos relevantes de la empresa: financieros, legales, fiscales, laborales, etc.
  • Normalmente exige mayorías sobre el capital y un “reporting” exhaustivo sobre la evolución del negocio, así como participación en las decisiones relevantes. No llevan la gestión, pero ejercen un fuerte control sobre ésta.
  • Su permanencia en la empresa es temporal, por lo que resulta necesario estructurar mecanismos de salida que no comprometan el futuro “statu quo” societario (que permita a los socios originales recuperar la empresa o dar entrada a nuevos inversores).

Además, no todos los empresarios se sienten cómodos con este esquema y son frecuentes las desavenencias, por lo que es muy importante asegurarse de que los objetivos de los nuevos socios coincidan con los nuestros a medio-largo plazo.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior es una fórmula muy útil y extendida de conseguir fondos, porque permite multiplicar la capacidad financiera de la empresa facilitando la consecución de proyectos muy ambiciosos en plazos muy reducidos. De hecho, la aportación del capital riesgo a la industria ha sido históricamente muy importante en términos de incrementos de facturación y empleo. Solamente en España las inversiones superan los 21.800 MM.€ en cerca de 6.000 empresas. El sector agroalimentario es el destino de más de 2.500 MM.€ de inversión en un total de 283 empresas.

Impacto del Capital Riesgo en España

Existen diferentes perfiles de inversor para cubrir las necesidades financieras en todas las fases de desarrollo de una empresa. En el gráfico siguiente se puede observar que para cada fase e importe existe un perfil diferente de inversor. Las fases de desarrollo iniciales de una empresa, denominadas “semilla” y “start up”, se suelen financiar con recursos propios o cercanos (familia, amigos). De hecho, la fase de “start up” es la más difícil de financiar por importe y riesgo, sin embargo se pueden encontrar programas públicos de inversión como son los NEOTEC, EURECAN, ENISA y compañía, que normalmente apoyan a las redes de inversores privados o “business angels”, como los denominan en el mundo anglosajón, y a las sociedades de capital riesgo publico-privadas, como las que operan bajo el paraguas de SEPIDES.

Fases Inversión

Pero no es hasta la fase de desarrollo o expansión cuando el grueso de la industria de Capital Riesgo entra en funcionamiento. En el gráfico siguiente se observa el destino de la inversión del sector en 2013, que ascendió a un total de 2.350 MM.€ en 543 operaciones (91% de las cuales fueron inferiores a 5 MM.€).

Inversión por Fase de Desarrollo 

A pesar de que la actividad en las fases iniciales es todavía escasa, mantiene su nivel de inversión en el entorno de los 200 MM.€ y por encima de 350 operaciones, ganando protagonismo en cuanto a captación de fondos dispuestos para invertir (43% del total, frente al 33% destinado a empresas en expansión).

Tras cinco años de crisis, el sector del capital riesgo en España vuelve de nuevo a invertir gracias a varios factores:

  • La mejora en las perspectivas económicas en general y de las empresas en particular, que han ganado competitividad tras severos procesos de ajuste.
  • La mejora en la captación de fondos para invertir, gracias al impulso del Instituto de Crédito Oficial (ICO), con la creación de FOND-ICO Global, primer “Fondo de Fondos” público de capital riesgo que se crea en España, dotado con 200 millones de euros, con el objetivo de promover la creación de fondos de capital riesgo de gestión privada, que realicen inversiones en empresas españolas en todas sus fases de desarrollo.
  • Incremento, tanto de los volúmenes de inversión como del número de transacciones, propiciados por el importante ajuste en precios y por la escasa financiación bancaria.
  • La aprobación de la Nueva Ley de Capital Riesgo en julio de este año, que crea nuevos vehículos de inversión, agiliza los trámites y mejora la eficiencia de las empresas.

A estos factores hay que añadir que España vuelve a estar en el punto de mira de los grandes fondos internacionales de capital riesgo, que van sustituyendo paulatinamente a los fondos “buitre” una vez que la temporada de “rebajas” se va terminando. Estos nuevos fondos han llegado para quedarse, buscando empresas eficientes en mercados en crecimiento y ofreciendo una oportunidad única para desarrollar aquellos proyectos que, por su envergadura o su duración no entraban en los planes estratégicos a corto plazo de las empresas.