Otros inversores en capital; de los “businessangels” a los “familyoffices”.

En primer lugar, pedimos perdón por los anglicismos utilizados en el titular del artículo, que no tienen mayor función que la de interesar al lector por el contenido. Una vez tenemos su atención bajamos a tierra para hablar de inversores privados (businessangels), que invierten a nivel particular en empresas y proyectos y de empresas o grupos familiares (familyoffices), que suelen utilizar vehículos de inversión como las afamadas SICAVS o SOCIMIS, etc.

En un artículo anterior ya comentábamos la dificultad que suponía la búsqueda de financiación para proyectos en fase de desarrollo temprana e importes medios de inversión. Este tipo de proyectos tienen varios elementos comunes:

  • Necesidad de fondos entre 50-100 mil euros y 1-2 millones de euros.
  • Mayores niveles de riesgo específico que los financiadores habituales no entienden o no están dispuestos a asumir.
  • Factor diferencial de tipo tecnológico o comercial, que les confiere una gran capacidad de crecimiento y rentabilidad.

Inicialmente, cuando la necesidad de financiación se ciñe a unos pocos miles de euros, es cubierta por el propio negocio o el empresario y su círculo más cercano (familia yamigos). Cuando el proyecto ya está en fase de crecimiento y necesita grandes cantidades de inversión tampoco suele haber problema, ya que entra en juego el “capital riesgo”, cuyos costes de estructura y análisis no le permite ir a pequeños proyectos. Pero, ¿qué pasa entre uno y otro?, que el empresario grita a los cuatro vientos: ¿hay alguien ahí?, y lamentablemente no suele haber respuesta en los canales habituales.

Hace diez años, en pleno auge del capital riesgo patrio eran pocos los que se atrevían a poner su dinero en este jardín y a gran parte de esos “pocos”, se los ha llevado la ola de la crisis. Pero no desesperemos, como reza el refranero español, “nunca falta un roto para un descosido”, lo que en este caso es absolutamente cierto, ya que siempre hay dinero buscando alternativas diferentes a los tradicionales depósitos, bolsa, renta fija (bonos, letras, pagarés, etc.),o a la inversión en el sector inmobiliario.

De hecho, aquí aparecen en la ecuación dos tipos de inversores: los inversores privados y los grupos familiares, que utilizando ciertos mecanismos de control (participación en el Consejo de Administración o en el equipo directivo), se sienten cómodos analizando y apostando por las oportunidades que les proporcionan este tipo de operaciones.

Los inversores privados suelen aportar valor sobre todo en proyectos tecnológicos, innovadores o muy especializados, ya que al margen de dinero y contactos, dedican su tiempo y dan asesoramiento especializado basado en su experiencia y su capacidad de liderazgo, ya que su perfil suele corresponder con profesionales de gran experiencia en el mundo empresarial, con un horizonte de inversión de entre tres y cinco años y que disponen de: (a) liquidez; (b) tiempo para dedicar a las empresas en las que invierten y (c) amplias habilidades directivas y red de contactos. De esta manera, facilitan la consolidación y el desarrollo del proyecto en diferentes áreas (financiera, comercial, tecnológica, etc.).

Las empresas familiares no suelen tener ese marcado sesgo tecnológico, pero si pueden aportar también su experiencia en la gestión de empresas en diferentes sectores.

Enlos siguientes gráficos se resumen los tres tipos de inversores de los que hemos hablado, que ocupan cada uno su lugar en la cadena temporal de los proyectos, así como las características principales de los inversores privados.

ECING Financiación III Cuadro 3 ECING Financiación III Cuadro 1

*Promotores, amigos, familia y “locos”.

 Por tanto, este tipo de perfiles inversores, además de aportar capital en situaciones donde otros canales están secos (Bancos, financieras, capital riesgo,…), viene muy bien cuando además se busca algún tipo de asesoramiento, como ocurre en múltiples circunstancias: porque entramos en un área o mercado nuevo (tecnología, producto, localización), porque la empresa requiere de un cambio estratégico en la gestión, porque damos un salto sustancial en tamaño, etc.

En este sentido, las empresas familiares aportan en algunos casos experiencia en algún nicho específico, derivado del negocio de donde procede el peculio familiar y los inversores particulares facilitan una extensa variedad de servicios según su tipología, tal como se observa en el siguiente cuadro:

 

ECING Financiación III Cuadro 2

Por último, aunque no por ello lo menos importante, es responder a tres preguntas:

  • ¿Cómo y dónde encuentro yo a estos inversores?.
  • ¿Cómo les convenzo para que metan su dinero y sus conocimientos en mi empresa?.
  • Y por último, ¿qué me va a costar?.

Normalmente estos perfiles no se suelen anunciar en los periódicos ni en Internet, pero si existen foros en los que se puede buscar, como por ejemplo las asociaciones empresariales y tecnológicas, las redes de inversores montadas alrededor de fundaciones, empresas públicas de fomento a la empresa, escuelas de negocios y a través de contactos personales, pero sobre todo, buscando asesoramiento a través de consultoras especializadas ya que a la dificultad de localizarlos, se añade la de dar con el perfil adecuado para cada situación.

Para responder a la segunda pregunta sólo hay que analizar el proyecto para el que se busca financiación. Si éste incorpora algún elemento diferenciador que se pueda traducir en una ventaja competitiva rentable, lo único que hay que hacer es tratar de presentarlo de la mejor manera posible mediante un buen plan de negocio. Para ello, si no se ha hecho nunca se puede contar con asesores experimentados en este tipo de presentaciones.

Finalmente llegamos a uno de los puntos clave: esta financiación, como ya hemos dicho en otro artículo anterior, es cara. El inversor busca una elevada rentabilidad, adecuada al riesgo que corre. Sin embargo, esto no debe echarnos para atrás, ya que salvo un coste inicial mínimo en cuanto al análisis y desarrollo del plan de negocio, el coste de la financiación lo paga íntegramente el proyecto. Con esta afirmación, que pudiera parecer osada, nos referimos a que el inversor rentabilizará su dinero si el proyecto tiene éxito y por lo tanto aumenta su valor, lo que significa que el propio empresario promotor también se beneficia en la parte proporcional que le corresponda.